¿Por qué son las apuestas un tema tabú?

Las apuestas siempre han sido consideradas como tabú por las sociedades humanas, quedando relegadas a una especie de actividad vil y con un fuerte carácter negativo.

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El carácter tabú de las apuestas parece indudable

¿Por qué tienen tanta mala reputación las apuestas?

Pues porque las mismas están asociadas al comportamiento compulsivo y a cosas como el consumo de alcohol, drogas y todo tipo de comportamientos adictivos.

Sí, las apuestas son adictivas.

Este es el principal problema que acarrean las mismas.

Ese es el verdadero tabú de las apuestas.

Sin embargo, la cosa no es tan sencilla como parece, pues a pesar de eso, en las apuestas hay un componente que hace que las mismas tengan que ser odiadas en un mundo que tiende a odiar todo aquello que es diferente, y las apuestas, y los apostadores no es sino otro de los grupos que han de ser eliminados en tal proceso.

El primer punto viene relacionado con la mayor parte de la masa de apostadores, buena parte de los cuáles son adictos a este mundo tan visceral.

Este grupo haría bien en no apostar, evidentemente, porque lo único que hace es actuar en el campo de la aleatoriedad sin más ton ni son.

Desde un punto de vista natural, esto es percibido como algo malo, o sea como anti-natural, y que desde luego, no aporta nada a esos individuos, siendo más bien que les quita.

Eso es lo que le dice el instinto a la gente que de alguna manera sabe que esa actividad no es buena para la mayoría de la gente.

Sin embargo, luego tenemos el segundo punto: aquellos apostadores – una minoría – que son capaces de ganar a largo plazo.

Este segundo grupo de apostadores es odiado por las masas, incluso mucho más que el primero, pues aquí ya entra en consideración el aspecto de la envidia, una de las fuerzas motrices que conducen a la estandarización del mundo.

Tabú de las apuestas: el problema de la adicción

Este es, sin duda, y de manera real, el principal problema de las apuestas y el por qué, las sociedades tradicionales, desde el Antiguo Egipto a la China imperial, consideraban que este tipo de actividades eran perniciosas.

Era una época más sana, sin duda, y había muchos hombres – la mayoría de las apuestas las hacían hombres, obviamente – que caían en un ciclo vicioso de continuas apuestas de todo tipo, ya fuera en juegos simples o en peleas o carreras de animales.

Este tipo de actividades siempre han estado – y están – relacionadas con las actividades frenéticas y los grupos sociales donde impera la “diversión” y la adrenalina.

Es en esos entornos donde se dan con más facilidad las otras actividades paralelas a las apuestas, como son el alcohol, las drogas e incluso la violencia que también ocurre entre apostadores que no pagan lo que deben.

Por eso las apuestas siempre han estado asociadas a los barrios más tétricos y peligrosos de todas las ciudades del mundo, y es algo que no cambiará nunca, hasta el fin del mundo, aunque las apuestas tengan que hacerse de forma clandestina.

Las deudas como tabú de las apuestas

El tema que nombre, de la violencia, está asociado sin duda con el tema de las deudas, pues las apuestas son un mundo que conducen a la contracción de las mismas entre los diferentes individuos.

¿Quién no ha conocido a gente u oído historias de personas que se han arruinado completamente con las apuestas?

Al igual que las drogas, las apuestas son capaces de llevar a las mentes más débiles a comportamientos totalmente irresponsables, lo que conduce a que, no solo se apueste sin cabeza, sino que se busque dinero por todos lados para seguir perdiendo dinero, curiosamente.

Por eso son tan comunes las ocasiones en las que jugadores de póker, de apuestas deportivas, etcétera, vayan pidiendo dinero.

En muchísimas ocasiones en mi vida he sido preguntado por dinero por gente que perdió mucho dinero jugando a póker o apostando en opciones binarias incluso.

Aunque en pocas ocasiones los individuos reconocieron que ese era el problema.

En un caso, el hombre fue honesto y me dijo que había perdido varios miles de euros en un par de noches jugando a las opciones binarias, y que si por favor le daba 20 para poder usar el transporte unos días hasta que pudiera cobrar. En ese caso se los di y me los devolvió.

En otros casos algún otro “amigo” me pidió dinero porque no tenía para fianza o para esto o para lo otro, pero en realidad no me decía que tenía grandes problemas de adicción al póker y la cocaína.

En ese caso fue bastante más dinero, pero me lo devolvió, no sin insistencia por mi parte.

Otras personas a las que les debía dinero, creo que no tuvieron tanta suerte. A alguno le dejó más de 3.000 euros en deudas.

En fin, que sin duda, el mundo de las apuestas es muy duro y causa de no pocos problemas sociales.

Ahora bien, es peor el remedio que la enfermedad.

¿Por qué?

Porque el remedio que proponen muchos para parar las apuestas, más Estado y regulaciones, no solo terminará por acabar con las mismas, sino con todo viso de libertad de acción que aún le queda al humano en este mundo.

¿Pueden las apuestas crear riqueza?

Esta es una cuestión clave para entender el efecto beneficioso o pernicioso de esta actividad.

Según como lo miremos, las apuestas no pueden crear riqueza o sí que lo pueden hacer.

¿Cómo?

Antes de nada tenemos que tener claro que las apuestas en sí son un juego de suma cero, por lo que no crean riqueza, en principio.

De lo único que se trata es de una transferencia de capital entre unos apostadores que apuestas peor y otros que apuestan mejor.

Ese es el modelo natural de las apuestas, donde no hay intermediarios.

Es como si apuestas con un amigo por un partido de fútbol.

Ahora bien, ese modelo de las apuestas original hace mucho que quedó atrás y hoy en día hay otro componente que se llaman las casas de apuestas o bookies y estos sí que tienen una parte importante en el pastel de las apuestas, de modo que a las mismas les interesa que en estos mercados haya “rapidez” o “alta rotación”.

¿Por qué?

Porque los mismos cobran unas comisiones por la apuesta lo que convierte a la actividad en algo peor que un juego de suma cero, y por tanto, los apostadores ya parten con desventaja.

Aquí ya entramos en terreno pantanoso porque lo que los apostadores deben hacer es buscar apuestas con una comisión lo más baja posible.

Lo mismo vale para póker, apuestas deportivas o incluso las financieras.

En un mundo natural, estas comisiones tenderían a ser bastante bajas, lo que daría una oportunidad a los jugadores más inteligentes y avispados a tomar ventaja de la situación.

Sin embargo, vivimos en un mundo alejado de lo natural, por la simple razón de que es un mundo plagado de estados que son unos consumidores voraces de recursos, lo que hace que al final, por temas de impuestos y regulaciones, las comisiones que tengan que cobrar los intermediarios sean mayores, con lo perjudicial que es esto para los apostadores, sobre todo los que tienen un “juego inteligente”.

De cualquier manera, tenemos que tener claro que a priori, las apuestas no crean riqueza, sino que la transfieren de unos grupos de individuos a otros.

Los apostadores naturales pueden tener ventaja de esta situación pero chocan contra los parásitos del sistema – sobre todo en forma de Estado – que no quiere que haya ningún tipo de “apostador profesional”, sino que sea el Estado y los comisionistas los que ganen.

Ese es el mundo en el que estamos hoy en día.

Con respecto al hecho de que si pueden crear riqueza: antes dije que sí, que en ciertos casos pueden crear riqueza, al menos para unos participantes, y muy a pesar de otros.

El ejemplo más claro de esto lo podemos ver en el mundo actual, en el que determinados países o regiones tienen una gran cantidad de empleos y empresas relacionadas con el mundo de las apuestas en sus diferentes modalidades.

Países que son ejemplos de esto son: Gran Bretaña, Estados Unidos, Australia, Chipre, Malta, Singapur, y buena parte de los paraísos fiscales.

¿Pero cómo pueden crear las apuestas riqueza en esos países?

Pues mediante un Estado relativamente más pequeño que otros países del mundo similares, lo que hace que las empresas relacionadas con el mundo de las apuestas puedan crear muchos puestos de trabajo.

Por ejemplo, Londres es una ciudad donde hay cientos de miles de puestos de trabajo que dependen directa o indirectamente de las apuestas financieras, deportivas y de póker del mundo.

Esto es así porque las empresas que residen en ese país prestan servicios de apuestas a clientes de África, América o Asia, e incluso Europa, como España.

De esa manera, el dinero que jugadores españoles envían a uno de estos países para apostar, lo pierde el país y lo gana el otro país.

Un ejemplo claro es el de un trader español que abre una cuenta con un broker de futuros de Estados Unidos para hacer trading (apuestas financieras), en cuyo lo más probable es que acabará perdiendo dinero y por el camino habrá dejado una buena cantidad de comisiones para el broker, que irán a parar a bolsillos americanos.

Desde ese punto de vista, sí, las apuestas como negocio pueden crear riqueza en forma de prestación de servicios al extranjero en determinados países.

Pero, como vemos, si lo miramos desde el punto de vista agregado, es un juego de suma cero, pues en realidad no estamos creando riqueza a nivel global. Los 10.000 euros que pierde el apostador español los gana la casa de apuestas de Chipre, por ejemplo, pero ahí no hay “creación”.

Un tema un tanto complicado, sin duda.

¿El tabú de las apuestas por ganar o por perder?

Por lo tanto, es un tema un tanto extraño, porque por un lado los instintos naturales nos dicen que apostar no es bueno porque puede crear adicción y por otro lado hay mucha gente que odia las apuestas porque tienen, aunque sea de manera subliminal, envidia de que los “especuladores” puedan ganar dinero, es decir, que hagan lo que ellos quisieran hacer pero no pueden.

Como vemos, las apuestas son odiadas desde todos los ángulos.

Qué actividad tan poco agradecida, la verdad.

Toda una actividad tabú en nuestros días, sobre todo teniendo en cuenta que vamos a un mundo en el que el Estado acabará por absorber la casi totalidad de la actividad humana, y ya sabemos que al Estado no le gustan mucho las apuestas, o mejor dicho, que tengas la libertad para apostar.

Gracias por compartir

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